Arte

NOVELA

La novela de este periodo, en su máxima expresión, se inaugura en 1942 con la obra La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, que inauguró el término denominado “tremendismo”, caracterizado por la aparición de criminales, prostitutas y situaciones repulsivas. Otras novelas de éxitos fueron Nada, de Carmen Laforet, o La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes.

La década de los cincuenta se inaugura con La Colmena, de Camilo José Cela, en la que se refleja el ambiente pesimista de la posguerra, introduciendo novedades gracias a una original técnica en la que se alternan pequeños relatos con distintos personajes. Es una novela de argumentos que ofrecen una visión fragmentada del Madrid de posguerra. A partir de esta novela se empieza a cultivar el llamado realismo social, que muestra la realidad española con una estructura abierta, un protagonista colectivo, e influenciada por las técnicas extranjeras, como el nouveau roman. Dentro de esta línea encontramos dos tendencias: en primer lugar, el objetivismo, en el que el novelista describe la realidad para que llegue al lector tal y como es y pueda ser él quien extraiga las conclusiones. La obra cumbre es El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, aunque también destacan otras obras como Entre visillos, de Carmen Martín Gaite. Por otro lado, el realismo crítico, donde el novelista pretende agitar las conciencias y denunciar las injusticias sociales. Destaca Duelo en el paraíso, de Juan Goytisolo.

La década de los años sesenta se abre con Tiempo de Silencio, de Luis Martín Santos. No hay protagonismo colectivo, sino individual. Los personajes se presentan. Los personajes se presentan como víctimas de sus circunstancias. De este modo, la novela ofrece una desoladora visión de la vida española. Empieza así una nueva etapa en la que se concede mayor importancia a los aspectos formales, incorporando técnicas europeas y americanas, de las que destaca el monólogo interior, presente en Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes. En esta etapa de la novela, el protagonista encarna la lucha del individui contra la sociedad. El impulso de renovación se observa en autores como Juan Goytisolo, con Juan sin tierra.

Por último, en la década de los setenta continúa la búsqueda de nuevas formas y el experimentalismo se lleva al máximo. Destaca La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.

POESÍA

La difícil situación de posguerra, tanto de una guerra civil en España como de la Guerra Mundial, marcó la obra de los autores de la segunda mitad de siglo. A mediados de éste conviven varias generaciones de poetas que ofrecen distintas actitudes ante la realidad que les toca vivir. Pueden distinguirse varias vertientes:

El formalismo, que comenzó con un enfoque nacionalista, y con el propósito de levantar el ánimo. Esta tendencia es también conocida como la Generación del 36. Sus autores se agruparon en torno a dos revistas: Escorial y Garcilaso. El primero se dedicó a muchos tipos de escritos, mientras que los garcilasistas escribieron un tipo de poesía de delicado sentimentalismo, fría y evasiva, de espaldas a los problemas de la época. Esto formaba parte de la política cultural del momento. A mediados de los cuarenta surgió en Córdoba el grupo Cántico, que pretendía romper con el clasicismo garcilasista y enlazar con la Generación del 27, orientándose hacia la poesía pura de los años 20.

La poesía realista se inaugura con la revista Espadaña, que revelaba una preocupación por los problemas sociales de la época y por el sufrimiento del individuo. Su propósito era escribir para el pueblo, en un movimiento que se denominó tremendista. Los autores aludieron a la función de la poesía como medio de comunicación y manifestaron su deseo de que la poesía tratara temas inmediatos con un lenguaje sencillo y directo. Destaca La casa encendida, de Luis Rosales, y otros autores como Blas de Otero y Gabriel Celaya.

La poesía testimonial incluye autores que van desde la Generación del 27 hasta los nacidos en los años 20. Muchos de ellos estuvieron influenciados por las corrientes existencialistas de la época, y por las circunstancias sociales y políticas de España. Los autores trataron de desarrollar un tipo de expresión artística que enfatizaba en la experiencia individual y en la participación del lector. La poesía religiosa empezó a adquirir gran importancia durante los cuarenta. Destaca José Hierro y Blas de Otero, con Ángel fieramente humano, en cuyos poemas se refleja este existencialismo.

La indeterminación, el postismo y el surrealismo surgieron a raíz de un manifiesto lanzado por un grupo de pintores y escritores acerca del postismo. Su actitud representa una defensa de la creatividad en contra de la razón; el énfasis que hace en la asociación libre y en la lógica del absurdo tiene ecos evidentes del surrealismo y los dadaístas. Destaca aquí Eduardo Chinarro.

La poesía social y política estaba conformada por las obras que trataban temas sociales y políticos, que formaron la corriente dominante durante más de una década. Reflejan el propósito de construir una nueva literatura realista convincente, ajustada a las circunstancias. La poesía parecía ser el único género en el que podían expresarse actitudes de protesta, siempre y cuando se evitaran ataques específicos contra el régimen. Destaca la poesía social de Blas de Otero, en la que atacó la opresión y la injusticia, y reflejó sus deseos de un mundo mejor, como en Pido la paz y la palabra. También resalta Gabriel Celaya con Cantos Íberos.

Por último, las nuevas direcciones de la poesía española revelan importantes cambios en el clima social y político. La apertura del país en los últimos años del franquismo favoreció la entrada de elementos extranjeros, como el cine y la música. Surge una nueva generación poética: la Generación del 50, donde destacan Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo, que siguen teniendo un compromiso moral y una actitud crítica. En los años 70 comienza un periodo de experimentación. Domina aquí el culto por la forma, se retoman imágenes oníricas y la escritura automática, criticando también la sociedad de consumo. Destaca Luis Rosales con Diario de una resurección.

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