Arte en la GC

La guerra civil no fue sólo un conflicto bélico, sino que también fue un enfrentamiento ideológico. Esta lucha ideológica se reflejó en la cultura y en la obra cultural de cada zona. En España había dos poderes, apoyados en dos sociedades, cada una con un modelos cultural opuesto al otro.

La guerra civil supuso el final, la quiebra de la Edad de Plata de la cultura española, que fue uno de los momentos de mayor esplendor de la historia intelectual y artística de España.

La guerra y el asedio de Madrid provocaron el debilitamiento de Madrid como foco irradiador de la cultura republicana, y provocaron la marcha de la flor y la nata de los intelectuales republicanos a Valencia, nueva capital republicana, en noviembre de 1936. Como símbolo de la destrucción de la cultura madrileña hay que destacar la destrucción de la ciudad universitaria, uno de los principales frentes de la guerra en noviembre de 1936. Con el comienzo de la guerra, Madrid se convierte en el símbolo internacional de la lucha antifascista. El régimen republicano fue visto como una esperanza democrática frente a los gobiernos totalitarios y fascistas.

Así, al iniciarse la guerra civil, sintieron que comenzaba en España una hora decisiva para el mundo. Quien quizás expresó mejor este sentimiento colectivo fue el poeta inglés W. H. Auden al escribir: “En esa árida tierra, / en esa meseta perforada por ríos, / nuestros pensamientos se encarna en cuerpos…”. Y repetía a modo de estribillo: “Y Madrid es el corazón”. Este sentimiento también fue muy bien expresado por Manuel Altolaguirre cuando escribió en un romance: “Madrid, capital de Europa, / eje de la lucha obrera, / tantos ojos hoy te miran, / que debes estar de fiesta”. Con las brigadas internacionales llegaron a Madrid escritores, reporteros y periodistas de todo el mundo. Así, destacaron las imágenes del fotógrafo Robert Cappa o del cineasta Karmen, y las crónicas periodísticas de Hemingway. La guerra supuso en Madrid la sustitución de los republicanos por las organizaciones obreras, que dominaron la vida madrileña hasta finales de 1937, y adquirieron importancia las “casas del pueblo” y los “ateneos libertarios” como centros de difusión de la cultura obrera. Los intelectuales republicanos en el contexto de la guerra civil insistieron en su compromiso político, mediante la pluma o la acción directa. Entre los escritores y poetas republicanos comprometidos en el campo republicano destacaron nombres como Antonio Machado, José Bergamín, León Felipe, Miguel Hernández, María Zambrano, Rosa Chacel o Rafael Alberti. Gran parte de este compromiso se expresó a través de la prensa. Los intelectuales republicanos pensaban que después de ganar la guerra nada volvería a ser como antes y que comenzaba una nueva era, caracterizada por el protagonismo del pueblo. Dentro del compromiso mediante la acción directa merecen ser destacados Rafael Alberti y su mujer María Teresa León, que ayudaron a salvar los cuadros del Museo del Prado y a evacuar a los intelectuales de Madrid, trasladándolos a Valencia.

En la zona republicana el Sindicato de Espectáculos de la C.N.T. se incautó desde agosto de 1936 de todas las salas de teatro y cine, creando el Sindicato de la Industria del Espectáculo. Cuando comienza el año 1937 están abiertos en el Madrid asediado 17 teatros y 41 salas de cine. Todas están controladas por la C.N.T. o la U.G.T. y, en ocasiones, por otras entidades.

En cuanto al teatro, en el Teatro Español, la compañía teatral Nueva Escena de la Alianza de Intelectuales representó Bodas de Sangre, de Lorca; Electra, de Galdós; Juan José, de Dicenta; La malquerida, de Benavente, entre otras. También hay que destacar la adaptación que hizo Alberti de la Numancia de Cervantes, que fue estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en diciembre de 1937, y la representación de Fuenteovejuna en el Teatro Calderón en 1938.

El teatro ambulante tuvo gran importancia con las muchas compañías de teatro que recorrieron pueblos, frentes, cuarteles y hospitales, representando obras de propaganda, pero también entremeses y clásicos. Aquí destacan las Guerrillas del Teatro, dirigidas por María Teresa León, que empezaron su actividad en los frentes del Centro.

Dentro del cine hubo un período de gran protagonismo del cine soviético, entre octubre de 1936 y la primavera de 1937. Esta etapa comienza con el estreno en el Capitol de Madrid de Los marinos de Kronstadt, el 18 de octubre de 1936. Es un filme de exaltación de valores revolucionarios, que cuadraba perfectamente con el estado de ánimo de Madrid y sus defensores, que pasa de la depresión a la exaltación entre la última semana de octubre y la primera de noviembre de 1936.

En cuanto a la producción propia, en la España republicana se realizan dos películas de importancia. Una, estrictamente documental, es Tierra de España, del holandés Joris Ivens, terminada en 1937; y el otro es Sierra de Teruel, dirigida por André Malraux con quien trabajó un equipo español en el que estaba Max Aub, quién escribió el guión.

Cuando hablamos de pintura, se hace imprescindible mencionar la gran obra de Pablo Picasso, “Gernika”, donde expresa el horror vivido tras el bombardeo de la aviación alemana sobre esta ciudad vasca. El deseo de su autor, tras marchar a Francia huyendo del conflicto, fue que no volviera a España hasta que no se instaurara de nuevo la democracia en el país.

Volviendo a la literatura, podemos decir que la Guerra Civil se convirtió en una fuente de inspiración para los poetas y escritores, especialmente progresistas y republicanos, cuya reflexión social bebió directamente de la observación bélica. Muchos de ellos expresaron su ideología o exaltaron a héroes de uno y otro bando.

Dentro de los autores comprometidos y de reconocido prestigio que escribieron acerca de la guerra podemos citar a Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Jorge Guillén, Luis Rosales, Luis Cernuda, Pablo Neruda, Octavio Paz, Vicente Aleixandre o Juan Ramón Jiménez.

Muchos literatos decidieron exaltar las figuras de personajes que participaban activamente en la contienda: Antonio Guardiola, Manuel Machado, Felipe Cortines y Murube, Vicente Serna y Federico de Urrutia exaltan la figura del que después sería dictador durante cerca de 40 años, Francisco Franco.

Alberto Valero Martín escribió un fervoroso soneto al general Millán Astray, en el que alaba las supuestas virtudes del militar recordando las mutilaciones que éste sufría.

Desde el otro bando, Bergamín escribió una sátira al General Mola que lleva por nombre “El Mulo de Mola”: “El hijo de la gran Mula/por Mola vino a las malas/ como no tuvo soldados/ los hizo con las sotanas”.

Luis Rosales, amigo personal de Federico García Lorca, escribe al fundador de la Falange en “Soneto a José Antonio, que descubrió, expresó y defendió la verdad en España. Murió por ella”. También exaltan al falangista en sus poemas José María Alfaro, Luis Felipe vivanco, Leopoldo Panero, Manuel Machado y Eugenio d’Ors.

Mientras, el hermano de Manuel, Antonio Machado, prefirió honrar al bando republicano con su poema al general Líster. Vicente Huidobro se encargó de ofrecer un homenaje a Dolores Ibárruri, la Pasionaria.

Otro de los personajes que más conmoción suscitaron a la hora de plasmar los sentimientos surgidos de la guerra en versos fue precisamente otro poeta, Federico García Lorca, fusilado en 1936 en Granada por sus afinidades a la república y su tendencia homosexual. Antonio Machado le escribe, conocido ya su asesinato, su famoso “El crimen fue en Granada”, así como también lo hicieron Luis Cernuda, Rafael Alberti, Pedro Garfias, Leopoldo de Urrutia, Emilio Prados y Miguel Torga. Con la pérdida de Lorca se truncó una de las más brillantes carrera de la literatura universal.

A Madrid, indiscutible protagonista de la guerra, le dedicaron poemas desde ambos bandos: “Trincheras del frente de Madrid”, de Agustín de Foxá, “Lamentación por los muchachos moros que, engañados, han caído ante Madrid”, de Juan Gil-Albert, o “¡Madrid, Madrid! ¡Qué bien tu nombre suena!”, de Antonio Machado.

Miguel Hernández, que participó de forma expecialmente activa en la defensa de la República y de los ideales comunistas, dedicó numerosos versos al desastre de la guerra, tales como “Vientos del pueblo me llevan”, “Canción del esposo soldado”, “Ascensión de la escoba” o “El soldado y la nieve”.

José Moreno Villa muestra en su poema “Frente” la frustración, el temor y la invalidez ante el monstruo belicista: “Ya no valen literaturas”.

ODA A LOS NIÑOS DE MADRID MUERTOS POR LA METRALLA

Vicente Aleixandre

Se ven pobres mujeres que corren en las calles
como bultos o espanto entre la niebla.
Las casas contraídas,
las casas rotas, salpicadas de sangre:
las habitaciones donde un grito quedó temblando,
donde la nada estalló de repente,
polvo lívido de paredes flotantes, asoman su fantasma pasado por la muerte.
Son las oscuras casas donde murieron niños.
Miradlas. Como gajos
se abrieron en la noche bajo la luz terrible.
Niños dormían, blancos en su oscuro.
Niños nacidos con rumor a vida.
Niños o blandos cuerpos ofrecidos
que, callados los vientos, descansaban.
Las mujeres corrieron.
Por las ventanas salpicó la sangre.
¿Quién vio, quién vio un bracito
salir roto en la noche
con la luz de sangre o estrella apuñalada?
¿Quién vio la sangre niña
en mil gotas gritando:
¡crimen, crimen!,
alzada hasta los cielos
como un puñito inmenso, clamoroso?
Rostros pequeños, las mejillas, los pechos,
El inocente vientr que respira:
La metralla los busca,
La metralla, la súbita serpiente,
Muerte estrellada para su martirio.
Ríos de niños muertos van buscando
Un destino final, un mundo alto.
Bajo la luz de la luna se vieron
Las hediondas aves de la muerte;
Aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra
La destrucción de la carne que late,
La horrible muerte a pedazos que palpitan
Y esta voz de las las víctimas
Rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un
gemido.
Todos la oímos.
los niños han gritado.
Su voz está sonando.
¿No ois? Suena en lo oscuro.
Suena en la luz. Suena en las calles.
Todas las casas gritan.
Pasais, y de esa ventana rota sale un grito de muerte.
Seguís. De ese hueco sin puerta
Sale una sangre y grita.
Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados
Gritan, gritan. Son niños que murieron.
Por la ciudad gritando,
un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba.
No lo mireis; sentidlo.
Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas.
No los miréis; oídlos.
Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.
Sube y sube y nos llama.
La ciudad anegada se alza por los tejados y alza un brazo
terrible.
Un solo brazo. Mutilación heroica de la ciudad o su pecho.
Un puño clamoroso, rojo de sangre libre,
que la ciudad esgrime, iracunda y dispara.

[UNA PARTE HA SIDO EXTRAIDA DEL TRABAJO HISTORIOGRÁFICO DE R.A. González, J.M. Lafora y F.R. Moral].

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